Jorge Suarez

Aferrado

Share Button

jorge

De pie frente a aquella huella de la palma empañada de una mano que se divisaba en el espejo, sintió una leve brisa que erizó su piel como la de gallina; no supo por qué hasta que cayó en cuenta. Y fue trasladado veinte años en el pasado.

Era un domingo en donde la mayoría iría a la iglesia, pero él no. Luke se quedaba en casa con su padre mientras el resto de la familia salía a congregarse como buenos feligreses. Con tan solo ocho años, sabía preparar un desayuno sustentable para él y su padre, que era algo holgazán en ese preciso día de la semana.
Abrió los ojos a las diez de la mañana. ¡Qué día! Dijo para sí. A pesar que era un día donde podría dormir hasta tarde, de esa hora parecía no poder pasar.
Con mucha flojera estiró su cuerpo aún acostado, parecía un gusano retorciéndose de dolor. Segundos después ya estaba de pie alistando su cepillo dental con dentífrico para lavarse los dientes. Pero antes decidió pasar por el cuarto de sus padres para asegurarse de que su padre seguía con él en la casa, y que no estaba solo. Llegó hasta la puerta y la iba a abrir sin siquiera tocar, pero recordó las veces que era regañado por tal acción. Así que cuando ya tenía la perilla de la puerta a mitad de giro, la regresó a su lugar suavemente para no causar ningún ruido, y tocó. El sonido que hacía su mano con el toque de la madera era ahogado, casi insonoro. Aplicó más fuerza emitiendo un sonido más alto pero que, sin embargo, no fue suficiente como para que alguien al otro lado de la puerta pudiera escucharlo. Así que comenzó a llamar:
—¡Mamá! —seguido miró el reloj que colgaba en la pared que tenía detrás.
La puerta se encontraba a mitad de un pasillo promediamente largo. Y recordó que su madre ya estaría en la iglesia con sus hermanos. Volvió a llamar.
—¡Papá!
Pero nadie salía de aquel cuarto, ni se escuchabaN voces dando anuncio de un permiso para poder pasar. Su padre era muy estricto con esa regla de que respetaran el —posible y único— espació donde podría estar totalmente tranquilo en la casa.
A pesar que llamó y tocó a la misma vez, nadie salió, como si en el cuarto no hubiera nadie. Tomó una decisión crucial donde podría llevarse un gran regaño, un castigo o lo que fuera que le pasara a su padre por la mente en ese momento. Pero tomó la perilla y la giró sin pensarlo. La puerta emitió un sonido seco en la separación de los metales de la cerradura, sin soltar la perilla, empujó la puerta, notando la oscuridad que habitaba en la habitación.

Aún de pie ante la puerta, pero sin entrar y sin soltar la perilla, observó hacia dentro. Todo estaba en penumbras. Dudó en si debía entrar o no. Pero debía o tenía, según lo que seguía pensando.
Finalmente decidió pasar, la curiosidad por saber si su padre seguía dormido lo carcomía. Al dar un paso luego de la línea que dividía el pasillo del corredor, sintió una pesadez extraña ¿O era el ambiente, el aura que mantenía la habitación? Siguió sin darle importancia a ello y avanzó con otro paso, adentrándose en la penumbra, su vista comenzó a adaptarse a la poca visibilidad que había dentro.
Divisó una figura bajo la sábana. Su padre normalmente dormía completamente tapado. Es papá, se dijo. Y está dormido. Eso lo alivianó, ya que el regaño o castigo que se podría llevar por invadir la privacidad de su cuarto sin su consentimiento sería grande.
Dio otros tres pasos hasta llegar al pie de la cama, giró la vista a la izquierda donde se encontraba un ropero y a su lado la puerta del baño que tenía el cuarto y se dio cuenta que la luz que se suponía debía venir del pasillo era muy opaca, alumbraba, pero solo un poco. Su vista se adaptó y ahora la figura era más clara, notó a la perfección la silueta de ambos pies bajo la sábana. ¿Será que lo llamo? Se preguntó. ¿Para qué lo quiero llamar? Él mismo ni sabía para qué lo quería llamar. Ya sabía lo que tanto quería saber, no estaba solo en casa. Pero un deseo pareció incrustarse entre sus pensamientos y los obedeció.
—Papá —dijo apenas en un murmuro que con mucho esfuerzo escuchó él mismo. En tan solo segundos, se había adaptado al silencio apacible que lo rodeaba.
Con llamarlo no bastó, así que estiró su mano para tomar un extremo de la sábana y jalarla a modo de llamado para el padre, la tomó con el dedo pulgar haciendo presión de agarre con el índice y medio. Con delicadeza comenzó a hacer tensión. ¿No era mejor llamarlo? Después de todo ya estaba dentro ¿Acaso pensaba que llamarlo hacía la diferencia? Quizá pensó que sí. Pero siguió con su acción.
Cuando la tensión estaba completa y la sábana iba a comenzar a deslizarse por sobre la figura, el sonido estruendoso de la puerta de madera que tenía detrás que hizo al cerrarse lo paralizó y soltó la sábana. El cuarto ahora quedaba más oscuro. Allí quieto sin hacer ningún movimiento, volvió a adaptarse a la oscuridad, pero para asegurarse por donde andaba; estiró de nuevo y no sintió los pies que debió haber tocado. Seguro se movió por el ruido.
Siguió tanteando con sus manos el borde de la cama hasta llegar a la mesita de noche y deslizó su mano derecha por la silueta de la pequeña lámpara; buscó el interruptor hasta que lo presionó y la luz amarilla opaca iluminó un poco a su alrededor. Era mejor que estar a oscuridad total. Miró hacia donde debía estar la silueta en la cama y no había nada. ¿Se había levantado su padre?, ¿pero a dónde? No escuchó ningún ruido, ni pasos, nada. Sin pensarlo, miró tras de sí, pero tampoco había nada. ¿Y mi papá?
Sin darle tiempo de seguir haciéndose preguntas, de debajo de la cama salió un chirrido entre la madera de la cama y los alambres que conformaban el colchón, como si alguien se estuviera acomodando, Luke miró a la cama sin apartar la mirada de ahí, pero no veía nada. Nadie estaba sobre ella, y el sonido seguía emitiéndose. Una corriente comenzaba a correr por el torrente sanguíneo de Luke, acumulando energía para cualquier cosa que se pudiera presentar. De pronto, el lado de la cama que recibía más luz —el lado izquierdo— comenzó a hundirse por el peso de una masa que físicamente, era invisible para los ojos del niño.
Y Luke sabía que era la silueta de algo. Algo anormal, algo física y científicamente imposible. Se aferró al cepillo dental que sostenía con la mano izquierda. Sintió el olor a menta esparcirse por sus fosas nasales. Dio un paso atrás, hacia la puerta del baño del cuarto de su padre, y de la nada un remolino de brisa apareció haciendo que la sábana que estaba en la cama se levantara, formando lo que parecía la silueta de alguien sobre la cama. Mientras que la brisa batía cualquier cosa ligera que había en el cuarto: hojas, libros, libretas, cortinas.
Aterrorizado por lo que vio, no lo pensó dos veces y se giró, entró al baño y se encerró. Estiró su mano para encender la luz blanca que iluminaba todo. El baño era pequeño por lo que no tenía que preocuparse por que pudiera haber alguien ahí dentro con él. ¿Qué era eso? Dijo en un sollozo muy bajo. ¿Papá, mamá? Nadie contestó a sus llamados. Comenzó a impacientarse, no sabía qué diablos era todo aquello que había visto afuera en el cuarto. Algo en ese baño le daba seguridad. Con las manos a cada lado se las miró para cerciorarse de sus propias reacciones y notó que la crema que tenía en algún momento su cepillo dental ya no estaba, se mostraba esparcida entre su dedos, no se había dado cuenta lo que el susto de lo que fuera le había provocado.
Intentó relajarse soltando el cepillo en el lavamanos, se lavó la mano izquierda y terminó de quitar la poca crema que bañaba al cepillo dental. Todo debe ser una ilusión, debo de estar en una pesadilla, se animó a sí mismo. Para seguir con su relajación, tomó el dentífrico y volvió a rociar su cepillo con un poco, abrió la llave y el agua comenzó a salir. Empezó a cepillar sus dientes tranquilamente. Recordó lo que le parecía un tonto comercial cantado de un dentífrico donde les enseñaban a los niños en menos de treinta segundos como debían cepillar sus dientes. Ahí en el baño esa canción, aunque él pensara que fuera tonta, fue la que lo comenzó a calmar. La cantó en su mente mientras que hacía los movimientos con el cepillo dentro de su boca, lo que explicaba la canción.
Comenzó a detallar el reflejo de sí mismo que le mostraba el espejo. Abrió la boca más grande mientras seguía —mentalmente— cantando la canción y miraba sus muelas para que no quedara rastro de nada. La cerró de nuevo y audiblemente comenzó a tararearla entre sonidos ahogados que salían de la garganta.
Miró sus ojos marrón claro que la gente admiraba tanto, y se vio el brillo que estos emanaban. Ya lo que había pasado afuera lo estaba olvidando. Sin embargo tanto había entrado en trance con la sesión del cepillado, que no comenzó a notar que una huella, a la que se le veían las líneas dactilares de la palma de una mano aparecía a su derecha reflejada en el espejo. Hasta que escuchó el golpe seco de algo contra el espejo y retrocedió un poco para saber qué era, pensó que alguien del otro lado de la pared estaba golpeando, pero notó la huella de una mano. Soltó el cepillo que permanecía en su boca sostenido por su lengua y se miró la palma, no era la suya. Era muy grande para ser la de Luke. A una distancia a la izquierda comenzó a aparecer otra palma igual, se reflejaban las líneas dactilares. Quedó perplejo. Hasta que una voz que salió de en medio de las huellas reflejadas lo llamó.
—¡Luke!
Escuchó una voz gruesa, gutural, oscura —aunque las voces no tengan color, ese fue el que le inundó la mente cuando escuchó esa voz—, tenebrosa, algo que no le daba comodidad, pensó en correr, salir del baño, del cuarto, hasta llegar a la calle de enfrente de su casa. Pero el miedo le ganó y todos sus músculos se tensaron. Impidiéndole moverse. Lo único que pudo hacer fue gritar. Gritó lo más fuerte que pudo, sin sentido alguno. Alguien le tenía que escuchar, alguien tenía que ayudarlo. El aire de los pulmones se reproducía rápidamente, porque los gritos eran largos.
No se conoce cuanto tiempo pasó desde que eso pasó hasta que su madre llegó a la casa, hasta que tanto revisar buscándolo por la casa, entró al baño de su cuarto y lo encontró igual como quedó: mirando al espejo con la vista totalmente perdida, la boca abierta, el cepillo dental en el suelo y el paralizado. Sin gritar, al parecer tanto que gritó que sus cuerdas vocales dieron el máximo y se irritaron, impidiendo salir más sonido.
Recordó que luego de todo lo que sucedió, de tanto gritar hubo un momento en que su mente quedó en blanco con los recuerdos, un espacio del cual no recuerda nada de lo que pasó. No tuvo conciencia que su madre se le acercó le hizo muchas preguntas, lo sacó del cuarto a la sala, lo acostaron, un médico lo vino a revisar, le prohibieron hablar por dos semanas, pero no era necesario que le dieran las ordenes de callar, esas dos semanas estuvo en la misma posición, con la mirada perdida y los brazos a los lados sin emitir palabras. Incluso luego de dos semanas tuvieron que llevarlo a un terapeuta a que ayudara.
Un mes después del hecho, y su madre aún no sabía lo que había pasado. Los médicos le decían que solo había sido algún susto, pero que le pasaría.
Efectivamente, treinta y un días después del hecho, volvió a hablar y lo que dijo fue.
—¿Papá?
Su madre no entendía porque preguntaba por su padre.
—Hijo ¿Qué fue lo que pasó? Cuéntame, me tienes preocupada.
Luke con tan solo ocho años contó todo lo que había acontecido hacia un mes. Su madre no le creyó, aunque fuera cierto, lo dudó y lo puso en tratamiento psicológico. Nunca debió contar nada. Debió mentir para que todo hubiera sido una tontería de cualquier susto y ya. Pero no fue así.

Seguía mirándose en el espejo, seguía mirando la huella de una palma de una mano a su derecha ¿Aparecería otra a la izquierda? No lo sabía ¿Escucharía esa voz llamándolo de nuevo? ¿Debía ser valiente ahora que tenía una esposa y dos hijos? ¿Debía hacerse el fuerte para no asustar a nadie?
—P… —comenzó a balbucear Luke ya con veintiocho años. Su esposa acostada en la cama, escuchó el murmullo que comenzaban a formar los labios de su esposo, se asomó a la puerta del baño. Luke pareció no darse cuenta que ella lo miraba.
Luke vio que la otra huella a la izquierda comenzaba a aparecer lentamente, justo como había pensado.
—Ahí está —dijo Luke a su reflejo.
—¿Ahí está qué? —le preguntó su esposa, mientras avanzó en un paso y se posicionó al lado suyo, mirando lo que supuestamente debía de ver claramente. Se concentró unos segundos y sus recuerdos le dieron su respuesta: Recordó lo que su madre una vez le contó.

«Fue horrible Loren, ¿Te imaginas verlo ahí petrificado con tan solo ocho años? —Loren asintió y la madre aferrándose a los recuerdo continuo—. Nadie supo qué le pasó con exactitud, los médicos decían que solo fue un susto y ya. Pero cuando lo llevé al psicólogo, me dieron una respuesta más acertada y la cual creí y sigo creyendo —la señora guardó silencio. Loren no supo si estaba intentando recordar algo o esperaba que ella pudiera preguntar más y demostrar interés, y eso hizo, preguntó qué que había sido lo que el psicólogo le había dicho y la madre continuó—. Me dijo que Luke se estaba aferrando a hechos y personas del pasado —Loren dudó y fue notable en su rostro— él le contó al psicólogo que vio y escuchó la voz de su padre —la voz de la madre comenzó a volverse en un silencioso sollozo— el cual, para ese tiempo ya tenía más de un año y medio de muerto» —Justo apareció Luke notificando que ya tendrían que salir al restaurant para celebrar su segundo año de aniversario.
Loren no supo más, el tema nunca más fue tocado ni por la madre ni por su esposo. Pero eso le bastó para dar la necesaria respuesta a lo que estaba sucediendo en su presente.

—¿Papá? —volvió a preguntar Luke a su reflejo. Ella comenzó a asustarse, pero era su esposo y debía intentar ayudarle de alguna forma.
—Ahí no hay nadie amor, él.. -—¿Está muerto? Pensó en decir, pero reflexionó— no está aquí.
—Sí. Él está ahí frente a mí, aunque solo —su voz comenzó a temblar sin saber por qué—. Solo veo las huellas de sus manos.
Ella no pudo evitar sentir más temor por lo que su esposo totalmente cuerdo decía frente a ella, de un difunto querido para él.
—Espera amor, no hables con… —¿En serio le diría que no hablará con su padre? Se suponía debía llevarle la corriente para evitar cualquier daño a su aprisionada mente por sus alucinación— tu padre
Soltó un suspiro y salió corriendo del cuarto a tomar el teléfono fijo y marcar el número de emergencias, fue lo único que le llegó a la mente.
Pero ya era tarde, cuando ella apenas marcó el número de un símbolo y tres dígitos escuchó algo que decía su esposo en voz alta, casi en un grito.
—Quienes se van de esta tierra alguna vez, nunca nos dejarán solos vagando aquí en este extraño mundo. Ellos siempre nos cuidarán, y nos hablarán, solo debemos dar atención a lo que nos dicen. ¿No lo oyes? —dijo.

Loren no se había dado cuenta que una operadora ya había tomado su llamada, pero ella solo estaba petrificada con el teléfono a su oído. No sabía qué hacer, esas palabras la habían cautivado. Su esposo estaba loco, estaba pasando por algo.
Y lo que Loren nunca olvidará por el resto de su vida, fue el grito que Luke dio luego de haber dicho estás palabras. Un grito de un hombre desesperado tras unos barrotes de una demoníaca represión. Un grito gutural. Loren no hizo más que soltar el teléfono y taparse los oídos y gritar de nervios. Cuando su esposo se silenció, ella temblando se acercó hasta la puerta del baño y justo pudo ver a un Luke de veintiocho años, en la misma posición en la que la madre alguna vez le contó, con la mirada desencajada, la boca totalmente abierta y un cepillo dental en el suelo.
Ella no lo sabía aún. Pero pasaría de nuevo —y exactamente— treinta y un días para que ella y todos supieran que él se estaba volviendo paranoico, al no dejar ir del todo un recuerdo que tanto anhelaba en su corazón: Darle vida a su padre inconscientemente con sus alucinaciones para tener un vistazo de cómo era. Nunca debió contar la verdad. Nadie nunca lo comprendió. Un amor que faltó en la mayor parte de su niñez lo hizo enloquecer y una esposa no fue lo suficiente, como creyó él en su adolescencia.

Leé más cuentos de Jorge en Wattpad.

Share Button
© 2016 Frontier Theme