Horacio Beascochea

“Los nombres del oleaje” – Pablo Montanaro

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La poesía es un género que respeto demasiado. Quizás porque me es más sencillo hilvanar palabras y contar historias. Hace unos días, en la presentación del libro de otro amigo, me obligué a reflexionar y preguntarme qué significa para mí, que vengo del campo de la narrativa.

pablo-montanaro Sin dudarlo, intuyo que la poesía, acaso la ficción también, nos permite esbozar otro camino en el tránsito por algo que llamamos mundo. Es también buscar esa palabra que no hallaremos, pero que seguimos buscando, es dar cuenta de un instante que nos conmueve y donde no hay más remedio que confiarlo en un verso.

 podría decir/que algo brilla o se ilumina/después de haber regresado/volviendo del incendio o de la niebla,/o quizás, de la realidad, escribe Pablo en el poema Una de las tantas maneras irremediables de escribir poemas. Quizás haya algo de ello y por eso nos plantamos desde el arte, buscando ese brillo, esa percepción.

 ¿Pero es solo eso? Repaso “Los nombres del oleaje” y me permito esbozar algunas ideas. No desde el campo literario, ni crítico, menos de un conocimiento autorizado, pero la palabra oleaje, es una forma de acercarnos a la poesía. Algo en movimiento y que rompe contra la costa y derrama sobre la arena, para dejar sus huellas y retazos.

 La poesía es asunto serio, escribe Pablo en el mismo poema. Quizás. Por eso se la respeta. ¿Estamos hechos de poesía? ¿La poesía nos permite soportar la impiedad del mundo?, ¿nos evadimos y pensamos en la belleza porque hay una realidad empeñada en contarnos lo contrario? Preguntas que no pienso responder en este encuentro pero que me gustaría compartir.

sucede que todo parece tan eterno/

pero el frío y tantas puertas cerradas/

oficio triste del corazón.

Dice el autor en el poema IV, de Último encuentro

 

Oficio triste. ¿Otra definición de poesía? Tiene que haber algo más. Siempre lo hay. No puedo evitar acordarme de Roberto Santoro, militante del PRT y poeta desaparecido en la última dictadura, con eso de soy triste hasta los zapatos / A la hora del té mi/alegría se sienta y llora conmigo.

 

Vuelvo a Pablo.  Leo, en el poema V

no es fácil distraerse

entusiasmarse con ciertos recuerdos/

y muy difícil es entender la realidad/

rehacer las cosas/ los pasos/

dejar a un lado el aliento

de una nostalgia que nos persigue/

y tener que tragarnos la trágica tempestad/

cuando ella decide retornar

como un canto

en las gotas del llanto/

y que nada puede hacer

el fragor con el que nos bebemos

todas las copas de licor.

 

Algo de esa nostalgia, de reivindicación y homenaje pero también de mirada desde el presente, se encuentra en el poema “Otoños del pasado”, dedicado a Juan Gelman.

aún todo está vivo

pero nadie ha tenido

la intención de regresar,

se alerta, para leer más abajo:

IV.

el mundo conoce las heridas

pero no libera esperanza

 cada latido apremia

en confuso silencio

la inmortalidad juzga

la caridad feroz de los recuerdos

Quizás otra arista para pensar. La poesía también puede ser un acto de resistencia. Primero contra el lenguaje. También de memoria colectiva, acaso un anclaje contra la hostilidad, un contrapeso contra las miserias cotidianas, para contraponer desde otro discurso, disputarle un sentido a la realidad.

Leo en Oleajes:

palabras que empujan los cimientos

agitación/ claridades/

en superficie con forma de distancia

indescifrable sensación la de reflejar

en el vacío/ y del otro lado/

el juego con que nos alumbramos/

alargar las caricias/

reencontrarse con las fábulas/

con la realidad lenta que no acaba.

Casi me atrevería a afirmar que Pablo escribe poesía como contrapeso de su oficio de periodista donde se interpela a un poder y a veces corremos el riesgo de convertirnos en personas insensibles, una cara probable de una profesión que algunos relacionan con las Relaciones Públicas y no con el violento oficio de escribir, que planteaba Rodolfo Walsh .

pregunto,

dónde mirar

para que nos devuelvan la vida

en qué lugar el poeta aprenderá a morir.

Escribe  en “Escuchado sobre el río”

 Al final, esta breve intervención se ha transformado en un diálogo. Creo que la poesía  —aquí agrego a la ficción— pueden ser una suerte de diálogo demorado con lo que nos pasa, con lo que nos atraviesa, con sentimientos, miedos y obsesiones.

 También en este libro hay espacio para armonizar nuestra relación con el mundo. Algo de eso parece desprenderse de la serie “Cuatro postales”, donde encontramos toda la felicidad en un horizonte / la ovación del mar hecha de partida y desenlaces.

 

los lugares podrán variar la atención

pero todos quisieran olvidar lo vulnerable

sin embargo, el corazón es el que dicta los destinos

y estos versos

 

pero es junto al fuego donde resistimos el frío

y descubrimos los significados de ciertos vínculos,

por la tarde comprendemos y nos salvamos

acuden los buenos presagios

 

la tormenta parece terminar.

 

Y también parece que la poesía, cede su espacio al optimismo:

somos futuro

astros crecidos

en el amor/

única palabra/

ofrenda suave/

oleajes

leo en el poema “De regreso”

 

Regreso al comienzo, a la poesía como un oleaje, como palabra en movimiento que viene a romper nuestro letargo. Algo de esto hay en el libro de Pablo con versos que rompen los discursos y crean grietas, para interpelar e interpelarnos y —también— celebrar un pacto con la vida.

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