Deni Morzilli

Mitología patagónica

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Por alguna razón, los seres mitológicos argentinos más conocidos son los del norte de nuestro país. Poco, o casi nada, se conoce de los mitos patagónicos.

En innumerables ocasiones hemos oído hablar del Pombero, esa especie de duende que secuestra niños y hace extraviar a los cazadores en la espesura; pero poquísimas veces hemos escuchado sobre el Camahueto o el Chuviño. A veces se nombran algunos duendes y hadas del sur que protegen los bosques, pero no más que eso.

Ignoro el motivo de tal olvido o desinterés. Generalmente, en diversas narraciones se hacen referencias a mitologías de otros países, sobre todo europeas, sin darle importancia a historias locales. Es un desperdicio, ya que en nuestro país hay leyendas propias muy interesantes que se van perdiendo y quedando en el olvido.

Mi curiosidad por los seres mitológicos de Argentina me llevó a incluir algunos en mi primera novela publicada (Medania), junto a otros seres más característicos del campo, como el Zupay, nombre que los gauchos y algunas tribus indígenas le dieron al demonio; decían que se aparecía en los caminos montado a caballo, con el aspecto de un gaucho de ropajes muy elegantes y un gran sombrero negro.

Pero volvamos a la Patagonia.

SERES DE LA PATAGONIA

Los Cogos, son las lechuzas y búhos que conocemos. En diversas mitologías del mundo son considerados seres relacionados con la magia. Dicen que sus ojos, entrenados para ver en la oscuridad, han adquirido el poder de advertir seres mágicos con ayuda de brujas y machis (curanderos). Los magos los utilizan para enviar mensajes y los duendes como medio de transporte.

Cogos

Cuca blanca, el duende blanco. Muy pocos tienen la oportunidad de ver a este pequeño ser pero su canto, similar al de un pájaro en el que repite su nombre, indica el camino correcto que deben seguir los viajeros.

El Chuviño, el duende mono, habita en los bosques. Lleva un atuendo de color verde y diversas pieles de animales, se dedica a gastar bromas todo el día. A diferencia de otros duendes que cuidan la naturaleza y a las especies animales, él se balancea de rama en rama jugándoles malas pasadas a los viajeros.

Por otra parte, la Coñiemua, la niña milagrosa, es una flor de belleza deslumbrante que se encuentra adherida a los árboles.  Al abrirse da aparición a una flor más pequeña de luminosos pétalos dorados,  la misma se transforma en una muñequita que, a modo de defensa, inicia una serie de movimientos emitiendo sonoros llantos, idénticos a los de un niño recién nacido, y también exhala un olor nauseabundo para alejar al intruso. Sin embargo, éste experimenta una fascinación tal que permanece extasiado al admirarla. Cuentan que la flor llora al divisar a un desconocido debido a que si se cava al pie del árbol se encontrará un tesoro.

Hay dos seres que llaman especialmente mi atención, convirtiéndose en los más curiosos dentro de los mitos, según mi opinión.

El Huitranalhue, el alma del forastero. Cuentan que es un elfo europeo. —¡Sí, en nuestra mitología hay elfos!— No saben cuánto me emocioné cuando me enteré. Y también creían en la existencia de sirenas, más pequeñas que las de otras mitologías, poseedoras de una belleza exótica. En el sur los indígenas las llamaban Coñilauquen, que significa las niñas del lago.

Huitranalhue (1)

Continuando con la historia del elfo, se dice que arribó al país antes de la época de la conquista, en busca de la tranquilidad perdida con la expansión del reinado de los hombres. Suele presentarse con el atuendo de un noble muy apuesto, con ropas oscuras de estilo medieval, y recorre los campos con una espada de madera que maneja hábilmente. La misma no hiere sino que a su contacto aletarga o adormece a los ladrones de ganado.

El Camahueto es un ciervo patagónico (huemul) que posee un cuerno recto y blanco que emerge de su frente. Su hábitat es el mar. Del lugar donde aparece el Camahueto brota un arroyo cristalino y el primer chorro lleno de espuma se convierte en cientos de hadas que cuidan cada flor nacida gracias a la vertiente. El cuerno del camahueto tiene un poder mágico que se utiliza para diferentes pócimas y encantamientos.

Camahueto

Para cerrar la nota, les copio un fragmento de mi novela, MEDANIA, en donde explico un poco más sobre este bello ser.

“—Padre me contaba toda clase de leyendas, entre ellas me habló muchas veces sobre estos seres —comenzó a relatar Devra mientras bebía cerveza—. ¿Estaríamos más cómodos comiendo en la cocina, no es verdad? —no esperó a qué los demás le respondieran, siguió hablando como si nunca hubiera hecho una pregunta, demasiado ansiosa para detenerse—. Es una especie de ciervo enano que posee un cuerno sobre su cabeza, parecido al unicornio. Dice la leyenda que en las noches de tormenta es posible que surjan de una vertiente de agua. En su trayecto destruyen todo lo que se interponga en su camino, dejando como rastro el derrumbe de zonas costeras y grandes hendiduras en el terreno. Sólo puede ser atrapado por un brujo mediante el uso de una cuerda tejida con algas.

—Eso difiere en quién cuente el mito —interrumpió Martinus, Devra no le prestó atención y continuó con su relato.

—Si es capturado se lo guía hacia el mar, cortando su cuerno, la única forma conocida de apaciguarlo. Una vez en el mar le crecerá un cuerno transparente como el agua, reemplazando el anterior.

—Su cuerno es anhelado porque tiene poderes mágicos —agregó Cinse—. Jamás hemos sido capaces de capturar al Camahueto. De hecho, más de una vez ha producido severos destrozos en la costa y los campos vecinos, que la gente confunde con temporales. Pensamos que las Sombras lo usarán como una pieza para destruir Medania. Los espíritus de la naturaleza no quieren brujos poderosos en estas tierras. La magia está muy concentrada en este lugar, es contraproducente.

(…)

Inclinaron la cabeza cuando les pareció que del agua salían sonidos de campanas repiqueteando. Pequeñas gotas de agua empezaron a chisporrotear salpicándolos un poco. El viento húmedo los envolvió y comenzó a lloviznar. Cinse observó a Martinus con la desaprobación pintada en sus rasgos severos, pero no dijo nada. No había rastro de los espíritus. Se escuchó un estruendo, como el ruido de una rama al quebrarse y un golpe que los alteró. Devra cayó de espaldas al suelo y apenas logró ver al pequeño ciervo que irrumpió del agua y se lanzó a correr enloquecido. Los hermanos de la Hoz fueron más rápidos, lo ataron con la soga que por arte mágica tomó tonalidades azuladas fosforescentes y no se rompió. Cinse se hizo cargo de la situación y guío al animal por la pendiente.

La tierra cubierta de agujas de pino se transformó en arena y finalmente esquivaron un médano arribando a la playa. El Camahueto se resistía. La caminata fue lenta, entre jadeos y empujones. De vez en cuando alguno de ellos se aclaraba la garganta, nervioso. Martinus y Luna observaban todo desde la retaguardia, sin ayudar al grupo. Cinse le quitó la soga al pequeño ciervo y se la ato al cuerno, a continuación le arrancó el mismo con una fuerza sobrenatural, mientras los hermanos y Devra contenían al animal dentro de un círculo de magia.

—Suéltenlo —ordenó Cinse.

El ciervo se internó en el mar agitado. Unos segundos después, lo vieron salir al trote. Donde antes se hallaba el cuerno que Cinse le había arrancado, ahora se apreciaba uno de agua cristalina. El viento comenzó a soplar raudo, volvieron al amparo del bosque en donde formaron nuevamente un círculo para invocar a los espíritus.”

Estos son solo algunos de los seres mitológicos de nuestro país. Existen numerosas criaturas dependiendo la región. Los invito a descubrir el mágico mundo escondido bajo nuestras raíces.

Deni Morzilli. Autora de Medania, ha ganado varios concursos literarios, actualmente se dedica a la organización de eventos culturales. En su página web (www.medania.com.ar) pueden leer varios fragmentos de su novela.

 

 

[Las fotografías de ilustraciones son del libro “Seres Mitológicos Argentinos” Diario 1 – Patagonia de Leonardo Batic]

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