Daniela Savia

Una “guaranga, degradada” dice…

Share Button

 

Las características de nuestra lengua a través de la literatura.

 

daniela sa

He debido leer novelas argentinas de casi dos siglos atrás. “Por supuesto no pueden ser adelante” dirán. Exactamente. Pero el caso es que me percaté de algunas curiosidades.

cabildo-1810

Hoy en día nos imaginamos a los argentinos de 1810 hablando con acento español. Y así sería seguramente. Pero posteriormente a la declaración de la independencia, ¿Cómo hablaban los argentinos que aún no eran del todo argentinos y que recién comenzaban a ser “invadidos” por muchas otras lenguas extranjeras?

Para 1840 todavía Argentina no tenía este nombre. Era llamada: Provincias Unidas de Sudamérica e incluía parte del territorio de Bolivia y Perú. En estas épocas la Real Academia Española no había fijado los lineamientos ortográficos que nos encuadran hoy.

En un famoso texto de Caras y caretas de 1891 puede verse que las reglas ortográficas actuales no aplicaban. La preposición “a” es marcada con acento siempre (á).

libro-biografia-juana-manuela-gorriti-felix-luna-plane-4113-MLA2779324724_062012-F

Unos años antes, para 1870 aproximadamente, nacidas independientes de España, surgen las primeras escritoras argentinas, como Juana Manuela Gorriti, con esta concepción de país donde aquellos territorios eran habitados por compatriotas con sus acentos y culturas característicos y tal vez más parecidos a los de la escritora salteña que a las de Buenos Aires. Las novelas de esta autora se destacan por el uso del idioma español similar al tradicional.

Sin embargo en “Panoramas de la vida” de 1876, nos da una pista de cómo podría haberse empezado a deformar el lenguaje, y en labios de quienes se pudo transmitir a los miles de extranjeros que lo aprendieron aquí “en la calle“. Si bien este diálogo ocurre en Brasil, también allá el uso del vocē fue una deformación del lenguaje:

—¡Ah! —dijo ella, en mal estado de español, besando mi mano y la moneda—. ¡Dios pague la caridad a vostra señoría! pero los esclavos somos aquí para eso, desde que nacemos hasta que morimos.

Esto nos muestra lo mucho que pudieron haber influido los esclavos en nuestra cultura más allá de las palabras que sí nos han dejado derivadas de sus lenguas africanas y de las costumbres por ellos desarrolladas como el candombe y comer achuras. Esta autora ha inmortalizado valiosamente para los historiadores, sus expresiones.

La sobrina de Juan Manuel de Rosas, Eduarda Mansilla, también escribió y tal cual a la autora antes mencionada, bajo un seudónimo masculino.

eduardaComo destaco en las notas de mi novela “La más romántica de las historias” para la que debí estudiar el comportamiento de las personas y su lenguaje en aquella época, Eduarda nos muestra en su novela “El médico de San Luis” cómo los personajes usan el vos como reemplazo del tú sin el cambio en la conjugación como lo hacemos actualmente:

—Benítez, vos estás casado, ‘quédate’ con tu mujer y no te ‘metas’ en opiniones porque esto va mal.

458029c0En “La Gran Aldea” de Lucio Vicente López, vemos como todavía en la imprenta se usa a la “V” como “U”. De ahí que muchos textos en placas de monumentos (como en el obelisco) vemos este mismo uso de la “V”. Dirán “esos son números romanos”. Obviamente no me refiero a la parte numérica. He aquí un ejemplo con un lenguaje muy divertido:

¡Vea Vd.! ¡Esa manga denuncia al canalla! A ver, aunque no quieras te he de registrar el pecho… ¡Eh! ¿Qué se me importa que se te arrugue la camisa? ¡Que no veo, acaso, al viejo calavera degradado en ese moño indecoroso de la corbata!… ¡Un ramo de jazmines!… ¿Quién te ha dado ese ramo? Di, hombre infame y malvado. ¿Quién te ha dado esa inmundicia? ¡Puf!… ¡Huele a patchouli! Debe ser alguna guaranga, degradada como tú… ¡Esta me la has de pagar! ¡Ha de arder Troya!

En este último párrafo puede verse desde cuándo se tomaba el aroma de ese perfume como algo desagradable. Una frase muy usada por mi propia madre nacida en 1938.

También vemos el uso del vos como vosotros:

-¡Che! y vos cómo sabéis los buques, le dijo Alejandro.

Pero lo más interesante es una costumbre sumamente escandalosa:

Mi tío se ponía rojo de vergüenza ante estas contestaciones, y yo, que no podía darme cuenta de cómo mi tía, tan llena de orgullo y de pretensiones, había podido casarse con el hijo de un lomillero, decía para mis adentros que debían haberla casado por fuerza con mi tío Ramón, porque de otro modo, no podría explicarse tanta desigualdad de condiciones. Indudablemente mi tío Ramón había abusado de mi tía, permitiéndole que lo aceptara por esposo.

Cuestiones muy interesantes que no nos habríamos imaginado jamás y que me han llamado la atención de las costumbres. La literatura argentina habla sobre nuestra historia y sobre la evolución del lenguaje y la idiosincrasia.

Para finalizar los dejo con más muestras de cariño de una de las protagonistas de esta última novela:

¡Viejo libertino y sin vergüenza, inmoral, corrompido, sucio!…

D.C.A. Savia.

Share Button
© 2016 Frontier Theme