Daniel Tórtora

Gustavo Tustanoski y una linda noche

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Escuché por primera vez a Gustavo Tustanoski durante una de las tantas “Noche de las Artes”.  Fue hace varios años, en una esquina crepuscular de la Avenida San Martín. Eran entonces Raíces Urbanas junto al inseparable compañero de aventuras Gustavo Alucín. Recuerdo que me planté bajo un árbol, en un rincón de Parques Nacionales a escuchar una singular sucesión de temas reconocibles, interpretados acorde al nombre de la banda. Sin duda, más allá de una zamba, de un tango o de un rock, las raíces del —queriendo o sin querer— líder de Raíces Urbanas, brotaban de los barrios de Buenos Aires.

Pero la idea fundamental de esta nota no era hablar de aquella noche ni de Raíces Urbanas, sino de la última presentación de Gustavo Tustanoski como solista.

Nos convocamos varios de los amigos/as en “Down Town Matías”. La noche convidaba pocas estrellas y animaba a los solitarios a acurrucarse en la música intimista de Gustavo que arrancó con varios covers donde se nota que el músico se siente cómodo. El flaco Spinetta y Aznar nunca van a faltar en su repertorio.

Van cuatro temas y ya el músico calentó motores para mandarse con sus dos primeros temas propios. Multifacético instrumentista, nostálgicamente puro, Gustavo se sienta en su teclado y aparece su niñez por el hueco que trae su padre marinero. No hay dudas, cuando toca ese tema, el “Calchaquí” navega sus recuerdos y el público lo siente así, por eso aparece el primer aplauso cerrado, de esos aplausos con no confunden sobre si son por obligación o no. Después de varios temas más, se apaga la primera parte del recital.

Acá me detengo a bucear en el corazón del músico. Porque a veces nos detenemos en puntos estratégicos para delimitar una nota, pero yo quiero abrir una panorámica que me permita expresar el trabajo de Tustanoski desde ángulos insospechados, por ejemplo, lo que el músico, cuando abandona su hábitat, consigue. Gustavo contagia. Desde sus tristezas, broncas, proyectos, fuerzas. Contagia, crea la ola, la empuja, se sube y la surfea. Y eso en un artista, no es poca cosa, lo hace artesano. Un artista sin sangre es como un quinelero sin teléfono.

 

Por primera vez desde que voy a escucharlo, disfruto y descubro algo novedoso. Ya no canto los temas, observo, escucho atento otras cosas. En la segunda parte, Gustavo ya no es un amigo tocando para amigos, sino un artista; ya lo vemos así, con “Bajan” se despeja cualquier nubecita en el cielo del artista y la gente lo advierte y también se suelta. Hay más adrenalina en esta segunda parte. Dos temas propios vuelven a sonar, esta vez acompañado con la guitarra. Otra faceta de Gustavo. El hombre ya no es solo un músico sino también un cantautor, su poesía empieza a desplazar al músico que hace covers, su lenguaje comienza a tener peso propio, por eso “Insensibles” levanta el espectáculo, lo alza a él y él mismo comienza a percibir que hay un reconocimiento a sus letras; entonces, así como el barco nos lleva al pasado y a la nostalgia, “Insensibles” nos lanza al borde de querer conocer la letra para acompañar.

En la noche de Down Town Matías ya se instaló la fiesta que va a culminar con dos temas para que cantemos todos. La gente aplaude y pide, eso es muy bueno. Cuando hay bises hay sueños que empiezan a cumplirse. Gustavo Tustanoski es un soñador, está en el camino que se marcó, aunque todavía esté empujando la ola.

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Miguel Abuelo et Nada (1974)

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La primera formación de Los Abuelos de la Nada edita un simple con los temas “Diana Divaga” y “Tema en Flu sobre el Planeta”, pero además el tema “La Estación” entra en el compilado “Mandioca Underground”. Sin embargo, Miguel Abuelo, como solista publica dos simples: “Oye Niño”/ “¿Nunca te miró una vaca de frente?” y “Hoy seremos campesinos” / “Mariposas de Madera”.

Imagenes del Puerto de Buenos Aires

Miguel Abuelo se establece en Europa sin haber registrado ningún álbum y es en Francia, que con un grupo llamado Hijos de Nada graba su primer LP en 1974. Una historia increíble donde una dama de buena posición pone a disposición su casa que funciona como alojamiento para la banda y estudio de grabación. Participan Daniel Sbarra en guitarra , Carlos Beyris en cello, Pinfo Garriga en bajo, Diego Rodríguez en batería, Gustavo Kerestachi en sintetizador y Juan Dalera en flauta y quena. Las cuatro primeros temas pertenecen a Miguel Abuelo. “Tirando piedras al río” un tema con influencias de Zeppelin. “El largo día de vivir”, e donde flota la atmósfera hippie de Abuelo sumao a su hermosa voz y la guitarra acústica, el cello y flauta. “Estoy aquí parado, sentado y acostado” un clásico que crece en intensidad. “El Muelle” que contiene fragmentos de poesía de Rumi, poeta del siglo XIII.

Los tres temas finales pertenecen al guitarrsta Sbarra. “Señor carnicero”, un rock duro ornamentado con un adictivo arreglo de cello. “Recala Sabido Forastero”, una canción muy bien ornamentada y finalmente “Octavo Sendero” otro imponente rock con gran arreglo de voces. Un álbum absolutamente recomendable. Obvio, si lo consiguen.

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Una fiesta para las editoriales independientes

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ro-y7-carin

crisitan-y-tomyEl 30 de noviembre, convocado y organizado por el programa “Puentes” de las subsecretarias de educación y cultura, se llevó a cabo la Feria de Editoriales Independientes.

En este evento realizado en la sala Rego participaron El suri porfiado, La mano en la sed, Tribu Salvaje, Vela al viento, Ediciones De La Grieta, Factotum y otras editoriales independientes de la región.

Alrededor de las 17 hs. comenzó con los editores exponiendo sus trabajos y los poetas leyendo sus obras. Así pasaron Tomás Watkins, Romina Olivero, Rubén Gómez, Carina Medina, Carlos Blasco, Daniel Tórtora, los integrantes de La mano en la sed, Cristian Aliaga, Carlos Aldazábal, Oscar Sarhan, Edith Galarza, etc. Tribu Salvaje presentó su obra “Llamas en palabras”.

edit-y-oscar
img-20161204-wa0000La sala Rego se vio colmada de escritores, poetas, editores, y público en general que visitaron los stands de libros. La feria culminó con la lectura de textos de Edith Galarza y Oscar Sarhan.

Excelentemente organizado por los referentes del programa, cuidando todos los detalles, nada falló. Lo mejor el encuentro de los editores y los poetas de distintos puntos de la Patagonia para festejar el largo trabajo y el esfuerzo por mantener viva la palabra.

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“Acá es así” en tiempo humano

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Leí, casi de costado, como si me entrase oblicuo al corazón, el poemario de Romina Olivera: “acá es así”, y si tomo eso de que la poesía es un signo que alguien le hace a alguien, veo que este poemario es el canal de transmisión de Romina hacia el universo sensible de la Patagonia.

Pero hay algo mucho más profundo en “Acá es así”, porque Romina Olivera no utiliza ninguna parafernalia del lenguaje para decirme, mirándome a los ojos, por ejemplo:

“La gente de tierra no ve

                                                      Siente

Por eso me quedo

                                                       Acá.”

roO el poema “Saludo desde viaje”, donde nos pone como lector al ras del piso ante el viento, el Copahue, la nube blanca, pero por sobre todo en el final: “cuando la ceniza sea yo”. Todo este poemario viene por ahí, son composiciones agrupadas que nos van llevando a una gran metáfora, y como ya sabemos, toda metáfora es científica en el fondo (Ortega), te plantea un búsqueda de significados, pero te deja una sola opción. Este libro es un poemario bellísimo en imágenes y no se priva de cierto rasgo de humor que sirve para corroer al mundo. Un poeta que no mete el dedo en la llaga, no cumple su destino, Romina sí.

Por último, casi para no agotar mis pobres recursos críticos, digo que este poemario se precipita al tiempo humano, no delira en el mundo incomprensible de las musas. “Acá es así” es el ojo que mira, que se mira y se ve mirando, cierra un círculo perfecto.

Ojo Romina, yo vengo con doble costura también, se me entra con cuchillo o con poemas como “Leer llover”.

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Finalizó la Primera Feria Trashumante: Tras la huella del arreo

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En el camino

14055777_891411167656770_1504482546_n-1El domingo 23 de octubre finalizó la primera Feria Trashumante neuquina. Alrededor de las 10 de la mañana del miércoles, salió a la ruta un grupo numeroso de escritores y escritoras, poetas, bibliotecarias, coordinadores, libreros y editores. Cortes de rutas por inundaciones y otros inconvenientes menores retrasaron la caravana literaria que arribó a Villa Nahueve a las 22 hs.

En un parador a orillas del río Nahueve se estableció el campamento donde Lucho (Director de Cultura) y varios jóvenes lugareños nos aguardaban con la cena y las guitarras.

Panorama desde el puente

14826178_891412567656630_593337619_nEl jueves arrancó temprano en la Escuela del Paraje Los Carrizos. Llegar hasta allí llevó al grupo a atravesar el imponente río Nahueve por el puente colgante. Entre el balanceo y las leyendas que flotan en cada canción, el río se nos hace mítico y enamora a quien le susurra.

La escuela nos recibió con entusiasmo. Allí se montaron stand de la librería Factotum, de Ediciones De La Grieta, de Bibliotecas Populares y de Cultura de Neuquén y antiprincesas.

Por la tarde continuaron las lecturas de los escritores y poetas así como las canciones de los músicos locales mezcladas con mate y tortafritas. Volver por la noche al parador significó oler la poesía del paisaje, soñar las estrellas, desafiar al Nahueve debajo de la luna que habitaba tras una nube flojita de papeles. Desde el puente, el paisaje era otra cosa.

Volver a los 17

La cena con los nuevos amigos y el fogón junto al río y al sonido de las aguas que se colaban en las canciones, en las zambas, cuecas y chacareas y por supuesto en el rock, fueron el manso adormecer de un día de palabras. No faltó ni el fuego ni el vino tibio, no faltó “Volver a los 17” ni “Zamba para olvidar”, pero tampoco “Spagethi del rock” o “El tuerto y los ciegos”. La noche nos llevó lejos, tal vez a esos 17 de Violeta y nos puso de cara a la vida profunda que habita allí. El fogón nos dejó poco para dormir, pero mucho en el corazón.

El amanecer nos tuvo de pie nuevamente. El puente colgante, la escuela, los talleres, los chicos, los libros, las lecturas y obvio, el mate. El docente, escritor y poeta Ricardo Costa brindó un taller de poesía e Irene Lossa embelleció la tarde con sus cuentos y su voz,  mientras que Rocío Cánepa, entre juegos y Antiprincesas, paseó su ángel ante los alumnos/as. Por la noche, puente, magia, cena fogón, canciones, vino.

Caminante no hay camino

14804746_891433157654571_1175008012_nY así como se apaga un fuego, así se esfumaron esos dos días. Quedaban atrás Villa Nahueve y Los Carrizos, las canciones de los hijos del viento y el bombo leguero del Tatú. Nos esperaban en Las ovejas. La misma expectativa, el mismo cariño, una escuela acogedora, un discreto pero amable hospedaje fueron el cierre de otro día de lectura. La escuela se pobló de stand de libros y artesanías de lugareños. Con la pausa de un sábado, la gente dejó paso a la mañana para colmar la tarde y así fue como el salón rebozó de gente. Carina Medina y Fernando Barraza abrieron el fuego de la lectura que no se apagó hasta entrada la noche. No faltaron Irene Losa con sus canciones y cuentos ni la lectura de los jóvenes de Las Ovejas, los escritores de ese bellísimo lugar ni los que llegamos de todo el Neuquén (todos tuvimos lugar). Décimas y Cuecas, baile y palabras completaron el sábado.

Por la noche, después de la cena hubo lecturas con poetas invitados hasta entrada la noche.

Comandante Medina

14813681_891415354323018_711109401_n-1Todo tiene un responsable y en este caso la responsable de que todo saliera a la perfección tiene nombre: Carina Rita Medina y el equipo de cultura.  Con ellas no hubo frío por las noches, sobró pasión en las tareas, el río cantó, el fuego del fogón tiró para la noche, la gente nos esperó con pasión, con la Rita salió la luna, sobraron sonrisas, todos nos enamoramos, el viento fue caricia, pero fundamentalmente, todos sabemos que queremos volver. Esto es gracias a ellos/as: la Rita, el Barraza y la Dalton.

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