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Encuentro LEE: Ponerle el cuerpo a la palabra

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Este fin de semana pasado tuvo lugar en Villa La Angostura el segundo encuentro LEE (Lectores, Escritores y Editores), un espacio que fue creado con dos fines originales: visibilizar los proyectos editoriales regionales y acercar a los escritores de la zona a los pibes del colegio secundario.

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Llega a San Martín la primera revista de intercambio cultural Argentina-China

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  Dang Dai es un grupo periodístico independiente que desde 2011 realiza comunicación entre Argentina y China. Cuenta con una revista de alta calidad gráfica, un programa radial, un sitio web de actualización diaria (www.dangdai.com.ar) y un newsletter una vez por semana con las principales noticias. En todos los casos, los contenidos refieren a la relación bilateral: comercial, cultural, negocios, política, turística, social, etc. El grupo trabaja también la promoción, a través de la comunicación, de actividades argentinas en China, lo que ha incluido tareas de traducción y consultoría para empresas artísticas, de deportes, logística y arquitectónica, entre otras.

Esta edición de Dang Dai, la número 17, que llega a San Martín de los Andes, Neuquén, sumándose la Editorial y Librería La Grieta -Avenida San Martín 415-  a los puntos de venta en universidades, centros de estudio y librerías de Argentina, contiene notas exclusivas sobre los 45 años de relaciones bilaterales; el apoyo de China a la causa por las Islas Malvinas, un homenaje a Osvaldo Pugliese en China y entrevistas a destacados escritores y cineastas.

Agradecemos la posibilidad de sumar lectores que residen o visitan una de las ciudades patagónicas más bellas de nuestra Argentina. Esperamos sus comentarios, consultas y sugerencias. Deseamos que disfruten la lectura de la revista en su versión impresa como nosotros de realizarla y de acercarnos a los distintos aspectos de esta cultura milenaria y de promover el intercambio entre nuestro país y China.

 

Equipo de Dang Dai

http://dangdai.com.ar/joomla/

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Eva Paz y su nuevo poemario

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¿QUIÉN ES EVA PAZ?

 

Eva Paz es una escritora nacida en 1971 en la ciudad de Traiguén (Chile).

Si bien se ha dedicado a la escritura desde muy joven, se presentó en sociedad recién en 1992 con un humilde y bello poemario titulado “PEREGRINAJE” con el que dio  comienzo a, como ella misma dice,  “este raro, y a veces incomprendido, mundo de las letras”.

En 1995, apareció  “DEDICATORIAS”, su segunda publicación en la que se reúnen poemas dedicados a personas que marcaron su vida.

El año 2008 publicó su tercera obra poética “BASICA Y PRIMITIVA”, que la llevó a afianzar la seguridad por su pasión: la poesía.

En Ediciones De La Grieta la conocimos al leer de su último libro en el Encuentro de escritores de Plottier del año 2016. Durante el evento, conversamos sobre la posibilidad de publicar juntos su cuarto poemario en el que estamos trabajando en estos momentos.

 

—Les dejamos un pequeño adelanto.—

Soy yo,

un verso,

que se consumió entre líneas,

entre libros,

lecturas y garabatos.

 

Soy una palabra simple,

que soñó ser princesa,

y se escondió temblando

detrás de estos ojos míos,

que tanto han mirado,

que tanto han visto.

 

Soy una frase,

armada entre sollozos,

asonada, desconectada,

ajena a las normas de la lengua.

 

Soy una frase

que nació ayer,

que quedó inconclusa,

que nunca terminó de ser.

 

Soy yo:

fui niña, fui pájaro,

soy yo, desarmada,

estos son mis escombros,

que pretendo rearmar

en un edificio de versos.

 

 

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CINCO NOTAS A PARTIR DE RICARDO PIGLIA Y UN EPÍLOGO

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Advertencia: ​ Quien espere leer a continuación un ensayo sobre la obra de Piglia, vaya a este link, donde encontrará el texto que apareció publicado en “Contra la fatiga del arte” (Ediciones De La Grieta, 2012) y, antes, en este libro.

                                                                                  

 I

«Te hago una pregunta desde mi postura de lector paranoico. El segmento “Conurbano” de Fuera de lugar, es una suerte de homenaje a Piglia, ¿no? Digo, porque la anécdota del suicidio y el casino es la misma que usa Piglia para su Tesis…»

No voy a mencionar otra pista más. Enumeré otras tres o cuatro referencias mientras manejaba desde el aeropuerto hasta el hotel donde se hospedaría Martín Kohan mientras durara su estancia en la Feria del Libro local. A mi lado estaba Gustavo Malajovich, otro lector de Piglia. No mencionaré más pistas porque estaría quitándole el placer a otros lectores paranoicos como yo. Pero sí contaré que Kohan respondió:

«Sí, claro. Es que no puedo concebir el policial sin Piglia. Mi lectura del género policial es a través de su obra».

Probablemente nunca más vuelva a ver a Kohan. No obstante, ese comentario le valió un seguidor incondicional, un fan que de allí en más redobló el placer de leer sus libros gracias a la complicidad en cierto modo de leer. Como lector paranoico (algo que también le debo a Piglia) devenido escritor paranoico, volver a comprobar que esa manera de abordar un texto no era fruto del delirio hermenéutico sino de una manera apasionada (y, sí, aceptémoslo, obsesiva) de abordar la lectura, de entrar a la literatura con los ojos de un detective de noir o de un periodista a lo Walsh/Renzi, que hallaba su correlato en un modo de escribir que Piglia había estudiado en muchas de sus páginas, me había obsequiado algunos minutos de satisfacción y había aquietado mi introspección.

El trayecto al hotel también incluyó un diamante, una anécdota referida por Kohan que, con un leve trazo alzó un retrato de la manera de ser de Piglia.

Lo del premio Planeta le había afectado mucho. Diez años después del escándalo, quizás más, me crucé con él en un aeropuerto. Llevábamos tiempo sin vernos. Apenas nos saludamos, me dijo:

“¿Te enteraste, Martín, de lo que pasó?”. Me llevó un rato entender que se refería a lo del premio. Habían pasado diez años y todavía lo afectaba».

 

II

No recuerdo quién me pasó la dirección de correo electrónico; creo que Pablo Pujol. Yo había escrito un ensayo sobre Piglia a partir de la publicación de Formas breves, en 1999. Estábamos cerca del catastrófico 2001.

Envié el texto, sin la menor expectativa, a la dirección de e-mail donde se mencionaba a Princeton.

Una semana después me respondió el mismísmo Piglia. Casi me desmayo. Con suma cordialidad y cautelosa generosidad comparó mi texto al de Masotta sobre Arlt y me ofreció contactarme con Adriana Rodríguez Pérsico, quien estaba preparando un volumen con ensayos sobre Piglia para la Universidad de Pittsburgh.

No podía creerlo. Una semana después, me encontraba con Adriana en un bar de Caballito. No nos conocíamos y por aquel entonces no existía un Facebook que sirviera para tener la foto del contacto. La referencia fue precisa: yo iba a llevar a la cita un ejemplar de la primera edición de La invasión.

Así fue como Adriana pudo reconocerme. Recuerdo que era domingo, que hacía mucho calor y que se había tomado el trabajo de leer mi texto con benevolencia.

«Vas a tener que modificarlo», me dijo, «porque el libro reúne escritos sobre la obra de Piglia en general y todo el segmento final de tu ensayo es sobre Formas breves en particular».

Le dije que no había problema. «Y las citas. Hay que unificar el formato con el resto del libro». Le pedí que me indicara qué tenía que hacer. Me lo dijo.

«No quiero que mi texto termine siendo un ensayo académico», protesté. «No te preocupes. Nunca va a tener tono académico».

Luego bebimos nuestras gaseosas y ella me sugirió que leyera a Aira. Confieso que después de haber leído cinco o seis libros de la prolífica bibliografía de sir César sigo siendo indemne a sus encantos.

Esa misma semana le envío por correo electrónico el texto modificado. Adriana me lo devuelve con observaciones, objeciones, preguntas y comentarios. Sabe. “La tiene clara”, diríamos en el barrio. Lo había pulido hasta volverlo legible.

Luego de dos o tres intercambios, me pide que me contacte con María Florencia Ferre para darle una forma final al texto.

Voy a la casa de María Florencia. Simpática, atractiva, inteligente. Me “saca la ficha” en dos o tres minutos. Me voy de su casa con la versión final del texto y un libro de poemas escrito por ella, del cual siempre recuerdo “Coral bone”.

Mientras tanto, Ricardo está en Buenos Aires. Coordinamos para encontrarnos en un bar que no puedo recordar si estaba en Boedo o Almagro. A última hora, él me llama para suspender el encuentro. Unas semanas después, soy yo quien lo suspende por un principio de neumonía. Es la última vez que hablamos por teléfono.

Unos años más tarde vengo a vivir al sur. El mail llega junto con el camión de la mudanza. El libro salió al mercado. Hay un link y se consigue en internet. Gracias a José María Perazzo, consigo tres ejemplares que él compra en amazon y me los envía por medio de un amigo. Cuando los recibo, descubro que mi ensayo comparte el volumen con Graciela Speranza, Ana María Barrenechea, Juan José Saer y Jorge Fornet, entre otros.

«Si comparto páginas con esos nombres, si a Piglia le pareció bien y Adriana avaló, no debo haber escrito una monstruosidad», me digo. «Quizá sea el momento de empezar a publicar mis textos», pienso.

Piglia, que me había enseñado a leer las vanguardias argentinas, me había abierto la puerta a un nuevo pasadizo.

 

III

Termino de leer El último lector. Hay dos o tres cosas que “no me cierran”. Una mención en la contratapa a un texto que no aparece en el volumen, un comentario despectivo sobre Murena y alguna otra “sagaz” objeción me llevan a escribirle a Piglia.

Llevamos un par de años sin intercambiar mails, en gran medida porque mi nueva vida patagónica me aleja de la mayor parte de los círculos que frecuentaba y me siento “desincronizado” de todo.

Hay una respuesta. Pero está en blanco: ningún texto. Le pregunto si se olvidó adjuntar algo. No responde.

Un año más tarde, vuelvo a escribirle, whisky mediante, en medio de un ataque de baja autoestima. Le envío los relatos que conforman la versión original de Barbarie y civilización. Le pregunto si vale la pena insistir con la literatura, si algo en ese libro que sea de valor. No me responde. Ya nunca más.

El libro gana el segundo premio de un concurso nacional y termina siendo publicado unos años más tarde, en una versión resumida.

De haber sido él, yo tampoco hubiera respondido.

 

 

 IV

2010 o 2011. Aprovechando la avalancha de premios por Blanco nocturno, intento contactarlo. Creo que es una novela-síntesis de su obra y quiero que él lo corrobore (o no). Es en vano. Nunca contesta.

Una mujer que frecuentaba mis ciclos de cine me hace llegar la grabación de un ciclo de conferencias que Piglia dictó en la Biblioteca Nacional o en el San Martín o en el Rojas. La hija grabó las cuatro clases sobre literatura y tuvo la amabilidad de permitirme hacerlas públicas.

Armo cuatro programas en Radio Nacional para compartir estas clases magistrales con los oyentes. Una sola persona nos felicita, un único oyente.

Dos años más tarde, leo vorazmente El camino de Ida. La prefiero a su anterior novela. La disfruto mucho más: me divierte, me dispara nuevos interrogantes, me plantea flamantes problemas. Hago una reseña al aire, acompañada por la música que Luis Nacht grabó para textos de su autoría. Ya no intento ubicarlo. Por la noche, en otro programa, emito los textos de ese disco/libro.

A nadie le importa excepto a mí. Silencio de radio.

 

 

V

Leo Respiración artificial por primera vez a los veintipico. Vivo en un departamento en Coghlan, junto a una hermosa chica de ojos verdes. Leo el libro en tres días, lo releo en dos. Corro a las librerías a buscar algo más de ese tal Ricardo Piglia. Descubro, en mi propia biblioteca, en casa, en un ejemplar de Cuentos policiales argentinos, editado por Kapelusz, que compré en una mesa de saldos hace unos meses, “La loca y el relato del crimen”, el texto que, para mí, sostiene toda la literatura pigliana.

Será en otra casa, en Villa Pueyrredón, donde vivo con otra chica (delgadísima, de ojos pardos, extremadamente inestable, de quien me separaré en breve), donde por fin pueda escribir sobre Piglia. Necesité ese tiempo (y “La invasión”, “Nombre falso”, “Crítica y ficción”, “La ciudad ausente”, “Prisión perpetua” y “Plata quemada”) para poder entender algo de ese magistral engranaje que pone en marcha su literatura.

Entre una casa y otra median casi veinte años. Casi nada. Y los cambios de escritura que marcan el estilo de un escritor. Y las marcas en la piel que modelaron otras manos.

 

 

VI

Mi mujer me despierta de la siesta con diclofenac y me dice que murió Ricardo Piglia. Subo a mi estudio: todavía me queda terminar Las tres vanguardias y empezar el segundo tomo de los “diarios de Renzi”. Me siento frente a la computadora y abro el FB.

Leo en la web que antes de fin de año saldrá el tercer volumen de los diarios y que se esperan textos inéditos de su autoría. Dentro del dolor, esas noticias banales me alegran. Pienso en el café postergado eternamente. En que ya no habrá un encuentro. En que no podré escribirle ebrio y en que no volveré a pedirle explicaciones con altivez. En que no podré traerlo a la Feria del Libro.

Pienso que sin él no leería como lo hago, que sin sus libros mi visión de los libros sería mucho más estrecha. Pienso que no puedo concebir la literatura argentina sin su presencia.

Se me llenan los ojos de lágrimas.

 

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Nueva edición de “Guardia de Hierro. De Perón a Bergoglio”

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La nueva edición de “Guardia de Hierro. De Perón a Bergoglio”, editorial Punto de Encuentro, incluye dos capítulos nuevos sobre Jorge Bergoglio y su vínculo con GdeH.
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La aparición de una nueva edición de “Guardia de Hierro. De Perón a Bergoglio”, que publica la editorial Punto de Encuentro, constituye un hecho trascendente. El libro agotado en su edición anterior, era reclamado por amplias franjas de un público interesado en lo que significó el trabajo del escritor y periodista Alejandro C. Tarruella. También resultó agotada la traducción al italiano de Settimo Sigilo, editorial de la Universidad de Milán.
Roberto Baschetti señala en la presentación de contratapa que “Difícilmente pueda encontrarse dentro del multitudinario y heterogéneo mundo de la Juventud Peronista de los años 60 y 70, una organización con características tan particulares y hasta algunas veces contradictorias como ocurrió con Guardia de Hierro”. Señala que “Por estas tierras Guardia de Hierro tuvo un líder indiscutido, Alejandro El Gallego Álvarez, y en su entorno y a su influjo a principios de 1960, Guardia de Hierro fue una cantera de cuadros militantes con presencia e importancia –tanto para afuera como adentro del Movimiento Peronista- en toda la lucha política que tuvo como corolario el regreso de Perón a la Argentina en noviembre de 1972”.
Reflexionó Baschetti: “En aquellos años, mano a mano y palmo a palmo la preeminencia y el favor de las masas juveniles de la Juventud Peronista de las Regionales y Montoneros”. De ahí que concluya expresando que “Estoy en presencia de un libro imprescindible para entender el origen, la conformación, el apogeo, la decadencia y la disolución de una de las más importantes fracciones que dio el peronismo en toda su existencia. No me sorprende, Alejandro C. Tarruella, periodista y escritor, nos tiene acostumbrados a escritos de esta valía”.
Alejandro C. Tarruella, nació en la provincia de Buenos Aires en 1948. Ha trabajado en La Nación, Clarín, Panorama, Análisis, Dinamis, Somos, Primera Plana, Humor, Diario Popular, y “La Razón”, Canal 9, trabajó desde Chile para Univisión EE.UU y Editorial Abril de San Pablo. Fue corresponsal de Radio Cooperativa, Chile, La Razón (Bolivia), de Radio Nacional de Suecia en Buenos Aires y productor de “Café Las Palabras”, Canal 26. Es postgrado en Comunicaciones, Escuela Periodismo de Santiago de Chile (USACH, Universidad Santiago Chile). Ha publicado libros de investigación periodística y poesía. En 2003 fue finalista de novela en el concurso Alarcos Llorach (Gijón, España).
Libros de Investigación periodística: “Historias secretas del peronismo” y “De donde soy. Chaqueño Palavecino”, “Historia política de la Sociedad Rural”,“El largo adiós de los Montoneros”, “Envar El Kadri, el guerrillero que dejó las armas” y “Autoayuda para Peronistas”.
Es Director de la serie policial negra de la Editorial Punto de Encuentro y publicó en junio su nuevo libro de poemas “Rescoldos” con ilustraciones de Juan Carlos Pallarols.
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