FERIA DEL LIBRO DE COMODORO RIVADAVIA: CUANDO TODOS SOMOS TODOS

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Me tocó ser (humilde) protagonista y testigo deslumbrado de la Feria Internacional del Libro de Comodoro Rivadavia. Estuve apenas en 3 de los 11 días que duró la Feria. Allí presenté un libro de cuentos, dicté un taller de narrativa e integré una mesa de lectura de poesía, y eso es siempre gratificante para un escritor. Pero mi emoción fue tanta o mayor en mi calidad de asistente.

 

Catorce horas de viaje en colectivo desde Bariloche (quince, si se suma la hora que hay hasta bariloche desde mi Villa La Angostura) bien valieron la pena. Pude ver, con felicidad, con orgullo ajeno (si es que existe tal cosa) cómo una infraestructura y cómo un grupo humano puede ponerse en efectivo funcionamiento sin perder por ello calidez.

Con casi 400 actores culturales, más de 100 stands, 30 actividades por día y 11 días (del 27 de julio al 6 de agosto) de presentaciones y talleres, la Feria del Libro de Comodoro Rivadavia parece haberse convertido en la más grande del interior del país. El lema de de este año fue “Mujer”. Consecuentemente con ello, la primera noche de mesas de poesía cerró con cuatro poetas mujeres compartiendo su obra con el público: Liliana Ancalao, Daniela Catena, Verónica Padín y Priscilla Vallone. Asimismo, uno de los eventos más importantes fue la exposición que realizó Paula Rodríguez, autora del libro “# Ni una menos” (Planeta, 2015).

Muchos, muchos libros ví en la Feria: de literatura universal, nacional y regional. Stands de librerías comodorenses y de editoriales nacionales, de la Cámara Argentina del libro y de editoriales patagónicas. Los libros de Adriana Hidalgo Editora, pero también los de Vela al Viento Ediciones (Comodoro Rivadavia) y Ediciones De La Grieta (de San Martín de los Andes, para quienes escribo esta crónica); los libros de Sudamericana, de Planeta, pero también los Fondo Editorial Rionegrino y los de la editorial Espacio Hudson (Lago Puelo).

Mucha literatura patagónica, saludablemente. Los autores, ahí nomás: para conocerlos, charlar, compartir y debatir. Tuve la fortuna de traerme conmigo varias joyitas de nuestra literatura provincial y regional, con el valor agregado y precioso de la firma de sus autores.

 

Talleres, presentaciones de libros, mesas de poesías y conferencias donde anduvieron y andan, a veces también mezclados entre el público, muchísimos escritores. Muchas figuras de renombre, patagónico y nacional circularon y circulan aún por la feria: Luisa Valenzuela, Liliana Bodoc, Gerardo Burton, Sandra Russo, Graciela Rendón, Ricardo Mariño, Felipe Pigna, Carina Rita Medina, Carlos Nuss, Istvansch, Chelo Candia, Mario Wainfeld, Verónica Merli, Víctor Hugo Morales, Liliana Campazzo, Pedro Brieger,  Rubén Eduardo Gómez, Ezequiel Murphy, Carlos Pérez, el grupo “Los Peces del Desierto”, Malena Guinzburg, Laureano Huayquillaf, Pablo Soto, Canela, Daniela Catena, Nito Fritz, Marcelo Fernández Bitar, Cynthia Lejbowicz, Mauricio Robles, Adrián Moyano, Pablo Bernasconi, Sebastián González, Diego Ravenna, Alejandro Dolina, Andrés Cursaro y Darío Sztajnszrajber, entre otros numerosos autores.

A muchos de ellos, los conocía personalmente. A otros, los conocíamos a través de las redes, pero no al escritor/a “de carne y hueso”. Con otros, el encuentro fue inaugural, aunque igual de emotivo.

 

Luego de tres días de ritmo vertiginoso, donde muchas veces me costaba decidir hacia cuál de todas las actividades dirigirme (más allá de mis actividades obligatorias en el evento) tuve que armar el bolso y volver a tomar la ruta. Tuve el tiempo justo de estrechar en un abrazo al querido Rubén Eduardo Gómez (organizador y alma mater de la Feria), darle las gracias infinitas y tomar el micro de vuelta a la cordillera.

Ya instalado, en el viaje de vuelta, iba repasando las postales que me dejó la Feria: las lecturas comunes, las comidas con colegas y amigos, las deliciosas sobremesas, los descubrimientos, las nuevas amistades eternas.

En medio de esa colección de imágenes fugaces (en la cual de alguna manera todavía me encuentro al escribir esta crónica) pensé esto: que estábamos todos, pero todos de verdad y en el mismo grado de tratamiento, sin importar de dónde veníamos, o cuál era la trayectoria particular de cada uno. Hubo escritores, artistas y periodistas con los cuales no pude (lamentablemente) encontrarme, no coincidieron nuestras fechas. Otros, no pudieron viajar. También a ellos los cuento en este conjunto, también ellos (estoy seguro) fueron o hubiesen sido tratados de igual forma.

 

Así lo supo expresar la poeta de Viedma Liliana Campazzo, a quien cito, con su permiso: “En la feria de Comodoro todos somos iguales, y a cada uno lo tratan como si fuera el mejor” escribió en su página de Facebook. “Es muy importante lo que pasa con los autores de la Patagonia en relación con los que vienen y son figuras.”

Como tambien lo expresó Gerardo Burton, al presentar su libro “Heridas que no cierran” (Espacio Hudson, 2017): “En esta feria, los escritores patagónicos no sentimos que venimos a telonear a los escritores de Buenos Aires”.

Salud a los hacedores y espectadores de este tipo de actividades, las que necesitamos los que vivimos construyendo nuestras vidas y oficios en el interior del país, eventos populares y plurales, donde y cuando todos somos, de verdad, todos…

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