Month – abril 2017

Gustavo Tustanoski y una linda noche

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Escuché por primera vez a Gustavo Tustanoski durante una de las tantas “Noche de las Artes”.  Fue hace varios años, en una esquina crepuscular de la Avenida San Martín. Eran entonces Raíces Urbanas junto al inseparable compañero de aventuras Gustavo Alucín. Recuerdo que me planté bajo un árbol, en un rincón de Parques Nacionales a escuchar una singular sucesión de temas reconocibles, interpretados acorde al nombre de la banda. Sin duda, más allá de una zamba, de un tango o de un rock, las raíces del —queriendo o sin querer— líder de Raíces Urbanas, brotaban de los barrios de Buenos Aires.

Pero la idea fundamental de esta nota no era hablar de aquella noche ni de Raíces Urbanas, sino de la última presentación de Gustavo Tustanoski como solista.

Nos convocamos varios de los amigos/as en “Down Town Matías”. La noche convidaba pocas estrellas y animaba a los solitarios a acurrucarse en la música intimista de Gustavo que arrancó con varios covers donde se nota que el músico se siente cómodo. El flaco Spinetta y Aznar nunca van a faltar en su repertorio.

Van cuatro temas y ya el músico calentó motores para mandarse con sus dos primeros temas propios. Multifacético instrumentista, nostálgicamente puro, Gustavo se sienta en su teclado y aparece su niñez por el hueco que trae su padre marinero. No hay dudas, cuando toca ese tema, el “Calchaquí” navega sus recuerdos y el público lo siente así, por eso aparece el primer aplauso cerrado, de esos aplausos con no confunden sobre si son por obligación o no. Después de varios temas más, se apaga la primera parte del recital.

Acá me detengo a bucear en el corazón del músico. Porque a veces nos detenemos en puntos estratégicos para delimitar una nota, pero yo quiero abrir una panorámica que me permita expresar el trabajo de Tustanoski desde ángulos insospechados, por ejemplo, lo que el músico, cuando abandona su hábitat, consigue. Gustavo contagia. Desde sus tristezas, broncas, proyectos, fuerzas. Contagia, crea la ola, la empuja, se sube y la surfea. Y eso en un artista, no es poca cosa, lo hace artesano. Un artista sin sangre es como un quinelero sin teléfono.

 

Por primera vez desde que voy a escucharlo, disfruto y descubro algo novedoso. Ya no canto los temas, observo, escucho atento otras cosas. En la segunda parte, Gustavo ya no es un amigo tocando para amigos, sino un artista; ya lo vemos así, con “Bajan” se despeja cualquier nubecita en el cielo del artista y la gente lo advierte y también se suelta. Hay más adrenalina en esta segunda parte. Dos temas propios vuelven a sonar, esta vez acompañado con la guitarra. Otra faceta de Gustavo. El hombre ya no es solo un músico sino también un cantautor, su poesía empieza a desplazar al músico que hace covers, su lenguaje comienza a tener peso propio, por eso “Insensibles” levanta el espectáculo, lo alza a él y él mismo comienza a percibir que hay un reconocimiento a sus letras; entonces, así como el barco nos lleva al pasado y a la nostalgia, “Insensibles” nos lanza al borde de querer conocer la letra para acompañar.

En la noche de Down Town Matías ya se instaló la fiesta que va a culminar con dos temas para que cantemos todos. La gente aplaude y pide, eso es muy bueno. Cuando hay bises hay sueños que empiezan a cumplirse. Gustavo Tustanoski es un soñador, está en el camino que se marcó, aunque todavía esté empujando la ola.

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