Month – septiembre 2016

Trinchera

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grieta

casa-partida-a-la-mitadCortaron la casa al medio. Se quedaron con un pedazo para cada uno, compartiendo únicamente el baño y la puerta principal. De un lado quedaron el patio, la cocina, dos piezas y el lavadero; del otro lado quedaron el living, la pieza más grande y la oficina. A lo largo de la división cavaron una trinchera unida por un pequeño puente de madera para que los niños pudieran ir de un lado al otro sin problemas.

A los pequeños les dieron pasaportes que consistían de un anotador negro con su nombre, una foto y las firmas aduaneras cada vez que cruzaban de un lado al otro.

La trinchera era cada día más profunda, sumándole artefactos de seguridad cuando el sueldo les alcanzaba. Crearon dos banderas, una blanca y una negra, que colgaron en sus respectivas mitades. También pintaron las paredes con sus nuevos colores y pusieron por escrito una serie de normas que debían respetarse en su mitad.

Con el tiempo, un muro reemplazó a la trinchera y los chicos ya no pudieron cruzar; debieron elegir de qué lado quedarse. Finalmente, decidieron marcharse. Estaban hartos de la situación.

Con las valijas ya hechas, los hijos se detuvieron en territorio neutral, delante de la puerta. Tocaron el timbre de su propia casa, atrayendo así a sus padres. Era la primera vez en diez años que se erguían uno junto al otro. Ambos adultos, expectantes. En una tregua forzada, lucían con orgullo los colores de su ideología y miraban con desdén al otro, como si les asqueara ver el color contrario. No se saludaron, tampoco se dirigieron palabras de odio. Simplemente clavaron su mirada en los jóvenes que finalmente habían tomado una decisión.

El padre estaba convencido que sus hijos escogerían el lado negro, pero la madre no dudaba ni por un segundo que los pequeños preferirían el blanco. Ambos consideraban que su influencia había sido mayor. La obsesión con sus ideales nublaba la realidad que se encontraba frente a sus ojos. Los extremos les impedían ver con claridad; entre la profunda oscuridad del negro en la que no se distinguían siquiera siluetas y el brillo cegador del blanco que desdibujaba el entorno.

Los chicos, en cambio, vestían de gris. Estaban hartos de las peleas, hartos verse forzados a escoger uno u otro extremo. Además, se querían mucho. Eran hermanos. Un dúo realmente unido y, aunque pensaran diferente, preferían no tener que estar uno de cada lado, separados por un muro.

Sin importar si se inclinaban por el blanco o el negro, los hijos no cometerían el mismo error que sus padres; no pondrían sus diferentes opiniones por encima de la familia y el cariño que sentían el uno por el otro.

El mayor prefería el negro, aunque el menor se inclinaba más por el blanco. A veces se vestían con el color que los diferenciaba, pero a ninguno de los dos le molestaba la elección del otro. Uno era de Boca y el otro de River, y miraban los partidos juntos. El mayor era ateo y el menor iba a misa todos los domingos. No importaba, eran hermanos y eso era lo primordial. Se querían y respetaban los colores que el otro llevaba como bandera. No compartían gustos ni opiniones, ni siquiera a la hora de elegir el sabor de un helado. El mayor tomaba mate amargo y el menor le ponía azúcar, y así con todo.

Se marcharon en mitad de la guerra, desertaron. Y observaron desde la vereda de enfrente como la casa se caía a pedazos; sus padres destruían las diferencias en vez de utilizarlas como cimiento para una construcción equilibrada.

De la mano se marcharon. Eran dos hermanos que comprendían que el respeto era más importante que las opiniones. Un dúo unido que aprendía constantemente de las elecciones que el otro realizaba.

No quedaron ni los cimientos de la casa en la que crecieron. Tampoco pudieron salvar fotos de la familia entera. Las pocas que había, estaban cortadas al medio, y aunque las pegaron y remendaron, ya no era lo mismo. La trinchera había separado más que dos ideologías, también había arrasado con aquello que siempre debería haber estado unido, la familia.

Historia registrada en SafeCreative, con número de identificación 1604087186597

Leé más textos de Nathalia en su WEB OFICIAL o en su BLOG

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Maratón de Lecturas

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andresLa Maratón de Lectura ya está en la agenda nacional, al menos para los chicos/as de las escuelas. Se realiza en todo el país y escritores, mediadores, editores, maestros, chicos, adultos, todos giran por el país alrededor de la palabra. El 16 de septiembre, la escuela 349 de Picún Leufú invitó a Andrés Aburto y Daniel Tórtora a leer y a contar el proceso de los libros, el trabajo de escribir y editar.

leyendoFue una jornada inolvidable la que se vivió allí, tanto para los escritores como para la comunidad educativa. Con Cristina, Vicedirectora de la escuela, Bety, su bibliotecaria, un plantel de maestros/as, músicos, padres y alumnos/as, se disfrutó de lo más lindo de este encuentro: La palabra.

boludeandoPor la mañana participaron los alumnos de los grados superiores y por la tarde los más pequeños. Andrés Aburto leyó sus poesías y narró el proceso que lo llevó desde su trabajo hasta este momento en donde recorre diferentes escuelas y ciudades donde va a presentar sus libros: “El sueño de la bandurria” y “Un trovador en el sur”. Daniel Tórtora, por su parte, leyó cuentos propios y de otros escritores y escritoras como Cristina Venturini y Adela Basch. También hubo un espacio para la música, para las lecturas de los chicos y bibliotecarios que también se acercaron a leer.

La maratón de lectura atardeció con fotos, abrazos y merienda. Una jornada de lectura que se expresó en todo el país. En Picun Leufú fue hermoso, y todo gracias a esas maravillosas mujeres que creyeron en la lectura y en nosotros.

Que se repita.

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“Los nombres del oleaje” – Pablo Montanaro

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horacio-beascochea

La poesía es un género que respeto demasiado. Quizás porque me es más sencillo hilvanar palabras y contar historias. Hace unos días, en la presentación del libro de otro amigo, me obligué a reflexionar y preguntarme qué significa para mí, que vengo del campo de la narrativa.

pablo-montanaro Sin dudarlo, intuyo que la poesía, acaso la ficción también, nos permite esbozar otro camino en el tránsito por algo que llamamos mundo. Es también buscar esa palabra que no hallaremos, pero que seguimos buscando, es dar cuenta de un instante que nos conmueve y donde no hay más remedio que confiarlo en un verso.

 podría decir/que algo brilla o se ilumina/después de haber regresado/volviendo del incendio o de la niebla,/o quizás, de la realidad, escribe Pablo en el poema Una de las tantas maneras irremediables de escribir poemas. Quizás haya algo de ello y por eso nos plantamos desde el arte, buscando ese brillo, esa percepción.

 ¿Pero es solo eso? Repaso “Los nombres del oleaje” y me permito esbozar algunas ideas. No desde el campo literario, ni crítico, menos de un conocimiento autorizado, pero la palabra oleaje, es una forma de acercarnos a la poesía. Algo en movimiento y que rompe contra la costa y derrama sobre la arena, para dejar sus huellas y retazos.

 La poesía es asunto serio, escribe Pablo en el mismo poema. Quizás. Por eso se la respeta. ¿Estamos hechos de poesía? ¿La poesía nos permite soportar la impiedad del mundo?, ¿nos evadimos y pensamos en la belleza porque hay una realidad empeñada en contarnos lo contrario? Preguntas que no pienso responder en este encuentro pero que me gustaría compartir.

sucede que todo parece tan eterno/

pero el frío y tantas puertas cerradas/

oficio triste del corazón.

Dice el autor en el poema IV, de Último encuentro

 

Oficio triste. ¿Otra definición de poesía? Tiene que haber algo más. Siempre lo hay. No puedo evitar acordarme de Roberto Santoro, militante del PRT y poeta desaparecido en la última dictadura, con eso de soy triste hasta los zapatos / A la hora del té mi/alegría se sienta y llora conmigo.

 

Vuelvo a Pablo.  Leo, en el poema V

no es fácil distraerse

entusiasmarse con ciertos recuerdos/

y muy difícil es entender la realidad/

rehacer las cosas/ los pasos/

dejar a un lado el aliento

de una nostalgia que nos persigue/

y tener que tragarnos la trágica tempestad/

cuando ella decide retornar

como un canto

en las gotas del llanto/

y que nada puede hacer

el fragor con el que nos bebemos

todas las copas de licor.

 

Algo de esa nostalgia, de reivindicación y homenaje pero también de mirada desde el presente, se encuentra en el poema “Otoños del pasado”, dedicado a Juan Gelman.

aún todo está vivo

pero nadie ha tenido

la intención de regresar,

se alerta, para leer más abajo:

IV.

el mundo conoce las heridas

pero no libera esperanza

 cada latido apremia

en confuso silencio

la inmortalidad juzga

la caridad feroz de los recuerdos

Quizás otra arista para pensar. La poesía también puede ser un acto de resistencia. Primero contra el lenguaje. También de memoria colectiva, acaso un anclaje contra la hostilidad, un contrapeso contra las miserias cotidianas, para contraponer desde otro discurso, disputarle un sentido a la realidad.

Leo en Oleajes:

palabras que empujan los cimientos

agitación/ claridades/

en superficie con forma de distancia

indescifrable sensación la de reflejar

en el vacío/ y del otro lado/

el juego con que nos alumbramos/

alargar las caricias/

reencontrarse con las fábulas/

con la realidad lenta que no acaba.

Casi me atrevería a afirmar que Pablo escribe poesía como contrapeso de su oficio de periodista donde se interpela a un poder y a veces corremos el riesgo de convertirnos en personas insensibles, una cara probable de una profesión que algunos relacionan con las Relaciones Públicas y no con el violento oficio de escribir, que planteaba Rodolfo Walsh .

pregunto,

dónde mirar

para que nos devuelvan la vida

en qué lugar el poeta aprenderá a morir.

Escribe  en “Escuchado sobre el río”

 Al final, esta breve intervención se ha transformado en un diálogo. Creo que la poesía  —aquí agrego a la ficción— pueden ser una suerte de diálogo demorado con lo que nos pasa, con lo que nos atraviesa, con sentimientos, miedos y obsesiones.

 También en este libro hay espacio para armonizar nuestra relación con el mundo. Algo de eso parece desprenderse de la serie “Cuatro postales”, donde encontramos toda la felicidad en un horizonte / la ovación del mar hecha de partida y desenlaces.

 

los lugares podrán variar la atención

pero todos quisieran olvidar lo vulnerable

sin embargo, el corazón es el que dicta los destinos

y estos versos

 

pero es junto al fuego donde resistimos el frío

y descubrimos los significados de ciertos vínculos,

por la tarde comprendemos y nos salvamos

acuden los buenos presagios

 

la tormenta parece terminar.

 

Y también parece que la poesía, cede su espacio al optimismo:

somos futuro

astros crecidos

en el amor/

única palabra/

ofrenda suave/

oleajes

leo en el poema “De regreso”

 

Regreso al comienzo, a la poesía como un oleaje, como palabra en movimiento que viene a romper nuestro letargo. Algo de esto hay en el libro de Pablo con versos que rompen los discursos y crean grietas, para interpelar e interpelarnos y —también— celebrar un pacto con la vida.

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10 años de la Feria Regional del Libro de San Martín de los Andes

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logo-feria

modelo-1-y-textoLa Feria Regional del Libro de San Martín de los Andes cumple diez años, aunque la organización de la Feria viene desde hace once años ya que la primera se llamó del MERCOSUR.

Este evento anual está organizado desde su nacimiento en conjunto entre la Secretaría de Cultura, las librerías, editoriales y hacedores culturales de San Martín de los Andes.

La Feria del Libro de San Martín de los Andes, durante estos años, fue visitada por escritores/as de gran reconocimiento nacional e internacional; es difícil de enumerarlos, pero entre ellos figuran Juan Saturain, Guillermo Saccomanno, Liliana Bodoc, Gloria Casañas, Jorge Dorio, el dibujante Gustavo Salas, Pablo Bernasconi, Eduardo Sacheri, Alejandro Apo, Antonio Santa Ana.

imagesEste año, la feria se realizará entre el 4 y 9 de octubre. Para ella se extenderá una globa de 20 metros sobre la calle Drury que se ensamblará con la Sala de Exposiciones.

En la sala se brindarán las charlas y presentaciones de libros. También habrá una confitería y algunas mesas de exposición de libros. En La globa se colocarán 16 stands de librerías y editoriales, entre ellas la de nuestra editorial (Ediciones De La Grieta).

rafa

Ya están confirmados los escritores/as que participarán de esta Feria: Sergio Sinay, Pablo Bernasconi, Pablo De Santis, Alejandro Tarruella, Sara Itkin, Aldo Novelli, Ema Wolf, Gustavo Malajovich, Natalia Belenguer y varios más.

Como todos los años habrá actividades externas en colegios y bibliotecas.ema

Nuestra editorial participará, además de tener su stand, con la presencia de los escritores/as que han editado este año: Rafael Urretabizkaya, Ricardo Druck, Natalia Belenguer, Daniel Tórtora, Lucía Catalán, Aldo Novelli, Anamaría Mayol, Cristina Venturini, Carina Rita Medina, María Ángeles Rivas, Jeremía Vergara, Alejandro Tarruella, Ana María Lassalle, María Marta Donnet y María Martha Paz.

Muy pronto encontrarán más información en nuestra web central www.delagrieta.com

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Derrumbe

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ANA 2014

Este cuento obtuvo el 1º PREMIO INTERNACIONAL EN NARRATIVA por edit. Artes y letras 2008

derrumbe

─Tome un mate y coma una torta frita, por ahí se le va esa cara tan seria, usté es muy  preocupada.

─¿Te parece? ─ Y ella se rió.

Al devolverle el mate la miro, Blanca tiene la risa más  cristalina y sonora que he conocido. Es como el sonido de las aguas  del bosque que caen en cascada. Es el paisaje de la infancia de Blanca ¿Tendrá que ver?                    ¿Será mi desarraigo, esos pedazos de pieles arrancados a la vida , la nube que produce mi expresión preocupada?

─Tenés  razón Blanca, las tortas están exquisitas, en mi tierra  son distintas,  flaquitas, no usamos levadura, éstas son más ricas. ¿Así que lo de la casa va viento en popa?

─¡Ajá! Va bueno doña Eugenia, quería invitarla para el Domingo ¿Podrá ir?

─Sí por qué no, iré por la mañana debo regresar temprano, luego me encierro a corregir los trabajos de mis alumnos, el lunes los tengo que entregar.

             Cuando terminó su rutina se despide. La veo salir por el sendero hacia la calle. Contradicción. Me siento feliz de quedar sola con Yuko, mi perro labrador, por otra parte siento su ausencia.  Podíamos estar largos ratos  sin hablar, cada una en sus quehaceres,  por ahí yo emito alguna frase para provocar su opinión y ella carga con esa lógica aplastante que no la da ningún libro. Estoy bien, mañana arribará de nuevo, debe atender a sus hijos.

             El espejo me devuelve la cara de una mujer cuarentona y melancólica. Me excuso. Dejé todo. Familia, paisaje, olores, historias. Todo quedó a dos mil kilómetros de distancia y a dos mil años de ausencias. Llegué al sur, a la Patagonia,  tratando de empezar una nueva vida, pero uno viaja con su mochila. Siempre. Del Atlántico al Pacífico, tan solo me separa de sus playas la Cordillera de los Andes, solo eso. De todas maneras siento sus vientos en este pueblo de bosques, lagos y montañas. Y también las lluvias y la nieve.                                                                                                                 Hora de clases. ─Profe, Profe ¿ Cómo saco en el mapa los kilómetros de distancia con la regla?  Me perdí.

─¡Mm! Prestá atención, fijate en la escala, si te indica milímetros los pasamos a centímetros y más menos colocamos la regla sobre los puntos que queremos investigar.

Según los centímetros sabremos la cantidad de kilómetros ¿Estamos?

             El trabajo nos había llevado dos semanas. Era una investigación de las posibles consecuencias ambientales que en  nuestra región  ocasionarían los ensayos nucleares en una de las islas del Pacífico.  Teniendo en cuenta que ésta zona es sísmica y volcánica, cualquier presión de esa envergadura sobre las placas tectónicas del continente que se expanden debajo del océano podría producir deslizamientos y consecuencias graves.  Las conclusiones de la investigación irían adjuntas a una petición de suspender los ensayos nucleares al Gobierno y a la embajada del  país que produciría las explosiones atómicas. Este tipo de trabajos les apasionaba a mis alumnos, se sentían protagonistas y  a mí me permitía dictar la materia  Geografía de una manera dinámica a la vez de crear conciencia ecológica. ¿Nos responderían?  Dictar clases en una escuela secundaria estatal en estos pueblos alejados de la Capital era un placer. Arquitectura adaptada al rigor climático, calefacción en todas las aulas. Concurren alumnos de clase media, baja y media alta. Hace poco abrió un colegio privado, bueno, semi-privado, ya que tienen subsidio del Estado. Hacia allí emigró una pequeña población de alumnos de clase media alta y de los que quieren ser. Cuotas caras y estima social. Así es. Pero se perdieron de realizar el trabajo ecológico, hasta el momento solo lo hacemos en la escuela estatal. ¿Qué le importa a los privados que la Placa de Nazca se deslice debajo de la Sudamericana y provoque terremotos? ¿Lo sabrán?

             Domingo. Salgo a las once de la mañana, es otoño y la temperatura está bajo cero. Me dejo llevar por Yuko, tira fuerte de la correa. El paisaje es una ceremonia de colores, el crujido de las hojas, repito en mi mente, solo es una muerte transitoria, mi melancolía es una muerte transitoria, debo vivir, vivir. A medida que voy subiendo las laderas veo el pueblo, mezcla de edificios modernos y casas antiguas          ¿Cómo las percibo? Sus chimeneas emiten el humo de las costumbres heredadas de los viejos hogares.  Lo moderno es tener calefacción a gas, pero el olor a  Ñire quemado  invade una historia cálida de colonos; boers, franceses, alemanes, ingleses, argentinos de provincias norteñas  e indígenas, originarios dueños de estas tierras. Olores, siempre olores atados a los recuerdos. Aquí no están los míos. Abajo, no tan lejos, el lago, azul, verde, y el sol jugando a las escondidas en  los bosques. Hay troncos caídos, admiro los líquenes que se adhieren como un tapiz a su corteza.  Sé de la importancia de estos seres como índices biológicos de la pureza del aire. Aire oxigenado. En las grandes ciudades ya no se ven, excepto en las ramas muy altas de los árboles. A veces.

             Estoy llegando, las casas del plan social se ven casi terminadas, hay  más, muchos más troncos caídos, han desmontado la ladera para poder edificar. Los terrenos son fiscales, la discusión está a que jurisdicción pertenecen, si a la provincia o a Parques Nacionales. La gente necesita las viviendas pero es indudable que los políticos necesitan los votos y no se detienen ante nada. Este desmonte va a traer graves consecuencias.

Me recibe la algarabía de los chicos. Risas, gritos, la oscuridad del lugar, el suelo helado y la pobreza se desdibujan ante las caras coloradas.

─Señora Eugenia ¿Se queda a comer?¿ Se queda hasta la tarde? Me pregunta Pedro, el mayor de los hijos de Blanca. Lo acaricio, le doy la bolsa con los regalos. Se acercan sus hermanos y otros chicos vecinos.

Dentro de la casa, al lado de la cocina a leña charlamos con Blanca. Pedro y sus hermanos entran y salen, desesperados por comer las golosinas antes del almuerzo. Se escucha el ruido d las sierras eléctricas.

─¿ Siguen desmontando Blanca?

─Y sí, necesitamos espacio,  además para tener un poco de sol, esto es muy oscuro.

─No deja de ser peligroso, los árboles fijan el suelo y equilibran el ciclo del agua. En la época de lluvias se va a lavar ese suelo, pueden ocurrir desmoronamientos.

─¡Qué va! A nosotros no nos dijeron  nada.

No opiné más. No tenía derecho. Estaba tan ilusionada con su casa. Miré por la ventana, el cerro estaba ahí nomás, era un paredón de rocas amenazantes, debían hacerles una contención. ¡Basta de preocupación! A disfrutar con esta querida familia. Luego del guiso exquisito, el postre, la caminata por la zona y la felicidad de los chicos, regresé a mi casa con un Yuko agotado, igual que  yo, nos acompañó una caída violenta del sol tras los cerros y el frío que se adhiere insobornable, imagino el horizonte y el dulce atardecer de la llanura, rojo recuerdo. Llegamos, los hijos de Blanca son una cálida esperanza.  Fue un día pleno.

             Y la época de lluvias comenzó, alternadas con fuertes nevadas. Reino de los turistas esquiadores. Pueblo de postal, hacia el este, cerros boscosos con pistas de esquí. Hacia el oeste cerros boscosos, oscuros, con humildes casas, en el centro el valle y la ciudad. Paisaje bello, incoherencia social. Todo sucede bajo las mismas estrellas.

             Comienzo de Primavera, se advierte la nueva estación por los brotes de las plantas, aún sigue nevando. En esos días sopló la felicidad en la casa, Pedro venía de forma asidua a hacer las tareas mientras su madre terminaba la rutina diaria. Se entusiasmaba con mis libros, de manera especial con los libros del cosmos. Le daba algunas explicaciones sencillas del origen y evolución del universo. Blanca se ponía contenta, decía que iba a sacar un científico del chico.

─Usté es tan cariñosa con los niños Doña, debería tener su hombre, no es bueno que la mujer esté sola.

¡Hay Blanca! Ella sí estaba sola, con tres niños que mantener. Quizás la equivocada era yo, ella había logrado la eternidad, a pesar del abandono de la familia por parte de su hombre.

             A mediados de Octubre se armó  revuelo en el colegio, nos habían llegado respuestas del Congreso de la  Nación y del país involucrado en les ensayos nucleares. Por distintas leyes se había realizado el “TRATADO DE PROHIBICIÓN COMPLETA DE LOS ENSAYOS NUCLEARES en el CONGRESO DE COLOMBIA 2001”. Nos enviaron el tratado y agradecimiento por nuestra participación. Por supuesto nuestro pedido no fue  determinante ya que hace años venían tratando el tema en las Naciones Unidas  con resoluciones previas, pero para nosotros fue motivo de orgullo  saber que estábamos en la buena senda de estudio de la compleja temática ecológica.

             Era una tarde agradable, el sol comenzaba a entibiar la atmósfera y algunos pájaros se animaban a trinar recibiendo la luz de primavera. Pedro tomando la merienda, su madre vendría a buscarlo más tarde, debió quedarse en su casa pues los albañiles tenían que terminar la habitación de los chicos. Una herida rompió el equilibrio, las sirenas de los bomberos comenzaron a sonar alertando un incendio o un accidente. Intuición. Llamé a la radio, pregunte qué sucedía. La primera reacción es la parálisis del cuerpo y la mente. Derrumbe. Había ocurrido en el nuevo barrio de las casas sociales,

en las laderas de los cerros que dan al Oeste. Cuando reaccioné tomé a Pedro, mi cartera y pedí un taxi. El chófer no sabía más que lo comentado por la radio ¿Habría heridos? Nos dejó en la zona baja. Ya estaban las ambulancias cargando gente en camillas. Todo era un pandemónium. Tomados de las manos con Pedro subimos la cuesta, de mi boca salían palabras estúpidas, para brindarle calma pero el chico lloraba. Al llegar a la casa de Blanca vimos que estaba intacta pero las casas vecinas tenían destruidas algunas partes. Había heridos, algunos muy graves. Entre la multitud vimos a Blanca, comenzamos a gritar, nos vio y vino hacia nosotros corriendo, a su lado los hermanos de Pedro, llorando. Nos abrazamos, temblaba. Por seguridad no podíamos entrar, era posible que las rocas caídas del paredón sin contención  hayan debilitado alguna estructura  de la construcción. A la hora del crepúsculo nos fuimos hacia mi casa. Hasta que no estén seguros que no correrían peligro y hecha la contención de las rocas, vivirían conmigo.

             En ese tiempo descubrí que a pesar de mi mochila y mis dos mil años de ausencias había encontrado una familia. El Doña Eugenia de los chicos lo sentía cien veces por día, sonaba a música.  Para fin de año, al momento de brindar tuve una luz en mi terco cerebro. No era bueno que una mujer esté sola. Suspiré feliz, Yuko, recostado, miraba alerta a los chicos, como esperando un ataque. Blanca se ríe de sus pícaras ocurrencias y el hecho de estar compartiendo la fiesta con sus hijos. Y yo,  quizás aprenda a aceptar esta nueva vida, aunque el parásito de la nostalgia esté muy cómodo viviendo en mis entrañas.

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