Cuando tengas tiempo

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Por Cristina Venturini

 

Conocí a Clara Vouillat en Ingeniero Jacobacci en un encuentro de escritores. Allí estaban también don Elías Chucair, Claudio Amaya y un grupo numeroso de hacedores de letras y otras artes con quienes compartimos tres días de literatura, pintura, música, visitas a escuelas y talleres y la atención de los anfitriones en un clima de grata fraternidad. En aquella ocasión, Clara leyó poemas inéditos y me dio una antología con otros versos escritos con anterioridad.

Hace poco Tamara Padrón me contó que compartiría con ella las Conversaciones de otoño en  Fisque Menuco, donde presentaría su libro “Cuando tenga tiempo”. Le encargué uno. Me lo trajo. Cuando comencé a leerlo, no pude dejarlo. La tapa ya me atrajo: una acuarela en verde seco y amarillo, de Gabriela Sacks, una atmósfera como un cielo cargado y una tierra en proceso de reparación. Una edición cuidada de Kuruf con una tipografía sobria.

 

La mujer hurga entre las cajas por los despojos del pasado, se deja llevar para permanecer en la escritura.

 

“Soporto los veranos

con una soledad que explota

como globos de negros

presentimientos…”

 

Esto dice la voz y la mujer se repliega, se ata los pies y se niega al placer ante la incertidumbre de no saber hasta cuándo durará la ausencia de quien se marchó austero y seguro.

La infancia es un moño en la cabeza, que vuela con los pájaros salidos de sus jaulas para poder tocar el cielo. La palabra es liberación, una olla que se destapa, deja ver lo que había adentro y fluye a borbotones con la urgencia de los volcanes. El libro todo es una erupción tras haber sido silenciado tanto tiempo lo que había por decir. Cuando tenga tiempo, dice Clara, y ese tiempo ha llegado para poner en palabras todo lo que antes se calló.

El libro consta de tres partes: la primera, Cuando tenga tiempo, conspira contra el silencio tanto tiempo sostenido, surge del corazón y se difunde con una luz nueva en el cielo de la palabra. La segunda parte, Fotogramas, consta de una serie de estampas de diferentes momentos de la vida en imágenes de lo cotidiano: el árbol, la mesa, el bosque. La tercera parte, Otoñales, es una metáfora extendida de la estación en que desciende el sol.

 

“Los álamos llueven…

sus gotas amarillas…

y se suicidan contra el pavimento

yo

casi”

 

El libro todo nos invita a la sensibilidad, a la reflexión, mientras nos muestra la vida, los sucesos amargos y los dulces con la mirada de una niña que resurge más allá de su moño.

 

Me vuelan las ideas

Me vuelan las ideas

y no alcanzo a decirlas

con palabras

me atacan de vez

en cuando

sin avisar siquiera

quizá sea en esos días

en que la luz pega

de una manera nueva

en las ventanas

o en los momentos

en que el silencio obligado

me deja escuchar

el estruendo

de mi adentro

que atacan despiadadas

arrasan como tormentas

anunciadas

por días enteros

atropellan la lapicera

y salen salen

fluyen en borbotones

como agua hirviendo

de volcanes que parecían

dormidos

desde siglos

con el atraso y el apuro

del que sabe

que ya

no hay tiempo

 

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